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 [Relato GI] Clarks's sons

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imcrusader

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MensajeTema: [Relato GI] Clarks's sons   Jue Sep 02 2010, 16:09

Prologo

Ya cantaban, ya cantaban, ya cantaban... himnos caóticos, himnos que propagaban la locura. Ya cantaban, ya cantan, ya cantan. "Krim va turmh,A'leharum, Khaos, Khorme ,Krim va turmh, A'leharum, Khaos, Khorme" .Desfilan entre tumbas, profanan el todo y la nada, ya llegan a su meta, ya llegan cantando a su meta, ya vienen. No hay poder mágico que lo salvara, no hay arma ni armadura que evitaba, no hay habilidad humana, no hay nada... sino fuego....muerte.


Desde la profundidad del abismo celestial sonó una nota grave, un sinfín de ellas, cantaban el destino y la muerte. El cantar paro, paró para la eternidad. Las gargantas que lo cantaban, fueron atravesadas por puños, espadas y balas.

-----Señor, han llegado-----
-----Nada lo dice, no hay nada en las pantallas-----
-----Señor... escuche-----

Ya no se oían cantares del mal, se oía un sonido, ya no se oían cantares del mal, solo la caída, el zumbar de las cápsulas de desembarco, de la teleportación, ya habían llegado, ya habían llegado. El emperador siempre provee.

Andrus Fringuinsoz, comándate en jefe de la defensa planetaria, de lo que quedaba de ella, del Planeta Crimol X. El planeta había sufrido una guerra, una guerra de ellos contra ellos, de los que se dejaron poseer por el caos y los que no. La guerra estaba perdida, solo había que esperar, solo eso. ni siquiera tenían munición para mas de una semana de combate. Pero los sagrados Adeptus Astartes habían llegado, habían traspasado un cordón defensivo apostado por el caos en orbita, habían desembarcado y habían ganado.

Capitulo 1

"Mierda, ya han vuelto a quitarnos el protagonismo, jodidos Astartitos..." Nada odiaba más el Coronel Clarks, un hombre tozudo, demasiado tozudo para seguir vivo. Había sobrevivido a decenas de combates que se consideraban perdidos, pero bueno, no se le mencionaba en ningún informe. “Eso es lo que tiene ser un guardia imperial, aunque mates a El Saqueador, nadie te nombrara en los informes, solo dirán que la escuadra número pim pam se ha esforzado y a colaborado en el acto, que atribuirán a un comandante o algún comisario de mierda" Sus palabras siempre eran, demasiado criticas. Nadie sabia como era posible que no le hubieran pegado un tiro algún comisario o algún inquisidor (mejor no nombrare lo que Clarks dice del a Inquisición),Clarks llamo " Pedazos de escoria salida del culo de Nurgle" a dos Inquisidores que se marcharon en medio de una batalla, por razones desconocidas. Sin embargo parece protegido por mas que sus fieles hombres, parece protegido por Terra, insulta y critica a toda la organización, pero no le han pegado un tiro, increíble.
Pero al parecer hoy si le invitarían a la fiesta, acababa de entrar un ciervo de los Astartes, de la Guardia del Cuervo:
-Coronel...Coronel Clarks, le... ofrecemos... una plaza en la mesa de honor... en la cena para… conmemorar... la... victoria de esta... mañana-Dijo el servidor tartamudeando.
-O te largas o te corto los cables, maquina- Clarks ni siquiera miro al servidor, simplemente saco su pistola láser y le apunto.
- Ya... me voy..., Coron...- Un disparo le rozo la metalizada coronilla y el asustado servidor salio corriendo como perseguido por sus creadores.

-Sagrado Capitán, el único guardia imperial que no ha dicho “si” ha sido el Coronel Clarks de la 32º de Vuhman- Dijo el servidor, el que todavía sentía el calor del láser en su coronilla.
-¿Qué te dijo?- Contesto el Capitán.
-El Coronel Clarks de la 3º de Vuhman dijo textualmente: O te largas o te corto los cables, maquina-
-Eso es un sí, me han hablado de ese hombre- Su voz no llegó a los oídos del servidor y fue acompañada de una leve sonrisa.


La habitación era enorme rebosaba riqueza y lujo, las sillas y mesas eran de maderas procedentes de decenas de mundos, en el fondo de la sala se observaba una gran águila imperial, de oro puro y ceramita, a sus lados se observaban legiones de estandartes que mostraban los escudos y colores de la burguesía del planeta. Las ropas y trajes de los generales, comisarios, sargentos, mayores… allí presentes eran increíbles, una fiesta de lujo incalculable, en la que no parecía que horas antes habían estado a punto de morir. Pero lo que más destacaba eran los Astartes, sentados al fondo de la estancia, un centenar, una fuerza capaz de arrasar colmenas enteras, solo conmover un dedo. Sus servoarmaduras estaban decoradas con las mas preciosas telas, las armaduras deslumbraban, con un brillo opaco, las caras de los Astartes, rebosantes de orgullo, un orgullo frío, estos asesinaban con la mirada a todo aquel que tuviera la “desfachatez de mirarles a los ojos, de entre la multitud de Astartes, sobresalía uno, uno que se sentaba en el centro de la estancia, uno que con su rapada cabeza mostraba un poderío capaz de matar demonios y bestias con solo tocarlas, el destacaba por la falta de adornos en su segunda piel, la llevaba solo, predominando los colores de su casta, de su sangre, negro y blanco, el era el capitán. Pero lo que mas destacaba de el era su mejor aliado, un cuervo, una maquina diseñada por algún tecnomarine, probablemente capaz de atravesar la propia armadura de su amo y ver los que había en su interior con un vistazo de sus artificiales ojos. En el centro dela mesa, junto a Fringuinsoz, el Comandante de más alto grado que quedaba vivo, se situaba el Capitán, lo conocían como el cuervo, por un extraño “bicho” que llevaba al hombro, pero ningún hombre pronunciaba ni conocía su nombre.
Las Doradas puertas de la Estancia se abrieron, aunque no deberían, pues ya no se permitía entrar a nadie que no estuviese invitado. El hombre que estaba al frente de unos veinte hombres era, como no, Clarks, el Coronel Clarks. Todo la sala, absolutamente toda la sala se les quedo mirando, mientras ensuciaban con sus embarradas botas la lujosa alfombra allí colocada, en la sala había un silencio absoluto, solo herido por las pisadas de los hombres que, se dirigían a su mesa. Todos ellos vestían sus uniformes de faena, sucios y raídos por la pelea contra el caos, que había durado poco menos de un mes.
Clarks bestia su característico uniforme, negro y rojo, con su gorra, con un par de agujeros de bala por cierto. Estaba fumando un cigarro. A su encuentro salió un camarero de la colmena que les indico su sitio, señalando a una solitaria mesa con el dedo:
-Coronel Clarks, usted no valla, los sagrados astartes desean que se siente entre ellos, es todo un honor- El camarero señalo un asiento, al lado de Fringuinsoz, a la vez que Clarks hacia un gesto de dejadez.
Clarks escogió no decir nada al camarero y marcho hacia la mesa de los Astartes mientras hacia una mueca burlona hacia el camarero, eso hizo reír a sus hombres, en especial al Sargento Chrole, que tardo un roto en parar su risa de cerdo. Se sentó en la mesa, saludo a Fringuinsoz, era un buen amigo suyo, se habían salvado el culo mutuamente en varias ocasiones.
-Amigo mió, el Coronel Clarks en persona, ¿Qué has hecho para que te hallan dado asiento en esta mesa?-Comento Fringuinsoz mientras se levantaba saludando a su viejo amigo.
-Creo que disparar a un servidor de estos tipos que han venido innecesariamente a ayudarnos- Dijo Clarks mientras ponía cara de rebelde adolescente y miraba a la coronilla del Capitán de los Astartes.
-Sigues manteniendo el buen sentido del humor amigo-Dijo el Comandante entre risas, claramente falsas.
Clarks se sentó en la mesa, entre un monumental Capitán Astartes y un amigo, algo bajito. El Astartes tenía en frente suyo un suculento plato de carne y verduras, que acompañaba con un zumo anaranjado. Clarks se le quedo mirando de manera estúpida un rato pero Fringuinsoz cortó la broma de Clarks rápidamente:
-Lo siento Capitán, no le eh presentado a el Coronel Clarks- Atajó Fringuinsoz
-No se preocupe, ya eh oído hablar de el, dicen que es usted un gran luchador, que ha demostrado su valía y lealtad al emperador y a la inquisición innumer…-
-Al emperador nada mas, “capitán”- Le corto el Coronel, recalcando la palabra capitán.
-Si, también eh oído hablar de su “voluntad” para seguir las normas- dijo esta vez el Astartes con una falsa sonrisa en la boca.
-Bueno, “capitán” también hay quien dice que mis hombres han dado mas por este planeta que cierta compañía de la Guardia del Cuervo, y que dicha compañía no se merece en absoluto el trato recibido, pero son solo rumores-dijo Clarks con una sonrisa del tamaña de un plato.
-También eh oído hablar de ciertos asuntos sucios de su unidad, no cree, abusos sobre todo…, pero bueno son solo rumores- Aclaro el Astartes.
-Al menos mis hombres dan la cara, no se esconden tras un muro de ceramita y cientos de soldados imperiales- las palabras de Clarks sonaron duras como martillo y yunque.
-Una velada estupenda, buena, comida, buena bebida, y paz, celebrémoslo no creen- dijo Fringuinsoz para calmar un poco los ánimos entre el hombre y el semidiós.
Fringuinsoz se levanto pesadamente de la mesa, y pedio un micro a un camarero, que se lo trajo, dejando caer un plato con comida y bebida.
-Caballeros-dijo ya usando el micrófono- hijos del emperador, defensores de los mundos de la Humanidad. Hoy estamos aquí, para celebrar la victoria sobre el peor enemigo de la humanidad…el caos. Demos las gracias a la gran ayuda prestada por los Marines Espaciales. ¡Brindemos por la Victoria, y por la Gloria del Emperador!
Las palabras de Fringuinsoz fueron taponadas por el clamor de la multitud, los gritos de apoyo y aprobación, si algo sabia el hacer bien era arengar a las tropas. Esa era su función en la Guardia Imperial.
-Siempre me han encantado tus discursos, Fringuinsoz, son tan “enriquecedores”-la ironía destaco en Clarks mientras se levantaba de la mesa.
-Ya te vas Clarks, ¡no has cenado!-
- Prefiero mi recién diaria de pan viejo con un poco de basura-respondió Clarks a Fringuinsoz.
-Ha sido una velada maravillosa Coronel Clarks- dijo el Capitán.
Clarks se levanto de la mesa y bajo hacia donde estaban sus hombres, hizo un comentario burlón sobre un camarero algo afeminado que pasaba por allí, provocando las risas de sus hombres.
-Dreid, nos vamos-
-No hemos comido Coronel- Respondió el Sargento
-No se si lo recuerdas, Dreid, pero aquí a comer no ha venido nadie-Dijo el Coronel bromeando con su Sargento.
-Bueno siempre hay esperanzas ¿no?- Dreid, un hombre de mediana estatura, era uno de los mejores de sus tropas, había llegado al cargo tras llegar a una larga noche en la compañía de unos buenos amigos guiaos por su gran amigo el Caos
Clarks soltó una risa, le encantaba el humor de su mayor. Dreid y los demás de sus hombres se levantaron de su mesa, como guiados por una marioneta y salieron porlas grandes puertas, seguidos especialmente por la mirada del Capitán de la Guardia del Cuervo.

Capitulo 2

La Ira del Pájaro
Sudor, calor, balas, fuego, sangre…Uno callo a su lado, otro a su izquierda. Sudor, calor, fuego… la sangre le golpeo en la cara, en el pecho. Fuego, sangre…las balas zumbaban como un enjambre de avispas a su alrededor, el fuego, lo cubre todo, lo cubre todo.
Y cantos, fuego y cantos, mas cantos oscuros, lúgubres, moribundos aterradores. "Krim va turmh,A'leharum, Khaos, Khorme ,Krim va turmh, A'leharum, Khaos, Khorme" muerte, destrucción, ira, desesperación…….oscuridad, dolor, impotencia….
Clarks despertó, estaba harto de las pesadillas, los cantos los habían trastornado a todos, todos los que habían luchado por Crimol X soñaban todas las noches lo mismo, el no sería una excepción.
Algo era extraño en su cama, estaba dura y fría, demasiado fría. Clarks miro a su alrededor se intento mover, pero no podía, algo le ataba a una fría losa de piedra o metal. Una luz, brillante como un sol o una estrella, brillante como el viejo satélite terrestre.
-Hola Clarks-la voz venia del fondo de la estancia, le resultaba familiar.
-Coronel Clarks, para usted-dijo Clarks de manera arrogante.
-Arrogante hasta el final, suerte que eso va a cambiar hoy-dijo la voz
-Sabía que erais rastreros, pero creía que al menos tendríais honor, el honor que se supone que tiene un capitán de los Astartes- dijo el Coronel para provocar al Astartes.
-Tu no mereces ver mi honor, tu, no eres de mi raza, humano, tu eres uno entre billones, no mereces respeto, ni honores ni nada.
-Al menos podre matarte con mis manos, humanas, con mis armas, poco dignas para los “dioses”, pero te matar…
Un dolor intenso recorrió todos los puntos de su cuerpo, desde la cabeza a los pies, un dolor terrorífico, mil millones de agujas se le clavaban rápidamente en su piel. Clarks grito un momento pero después callo, apretó los dientes hasta casi partirlos de la presión.
-Que ibas a hacerme, humano-dijo el astartes- no puedes ni verme.
-Te…ma…ta….re…-le consto una inmensidad decir esto al Coronel.
El dolor volvió a recorrer el cuerpo del Coronel, esta vez era mucho más intenso, el dolor le desgarraba, pero el se negó a gritar.
-Cooperaras, tenemos todo el dia-
-Te…ma…ta…re…-dijo Clarks sacando las palabras de entre un muro de dientes.
-No, nada te salvara, nadie te salvara,
Clarks pudo abrir los ojos durante un momento para ver que los que le hacían no era físico, no había, maquina, ni aparato, ni nada. Pero no pudo ver más, porque el dolor, invisible, volvió a arremeter contra su cuerpo una y otra vez.
-Te hare un solo favor esta noche, decirte que te hace esto, sabes que te lo hace Clarks, tu propia mente.
Entonces Clarks entendió lo que pasaba, el Astartes era un psíquico, al parecer poderoso, un Bibliotecario, o un Epistolario.
-No, Clarks, no soy nada de eso, soy, el Cuervo.
-“Capitán, tenemos problemas, hay unos humanos que nos exigen que soltemos al Coronel Clarks”-Dijo una voz, amplificada
-Al parecer tus soldaditos son muy listos, lástima que mueran hoy-dijo el Cuervo fingiendo que le apenaba su afirmación.
Clarks lucho, en lo profundo de su mente contra sus ataduras, sintió, que la lejanía de el Cuervo las debilitaba, lucho contra su propia mente, lucho con su fuerza, para vencer a su fuerza, lucho, y lucho…
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